La economía asturiana ha experimentado una profunda transformación a lo largo de las últimas tres décadas. El cierre de las minas de carbón, la reconversión industrial, la expansión del sector servicios o la irrupción de nuevas actividades ligadas a la digitalización y la economía del conocimiento son procesos que forman ya parte del relato habitual sobre Asturias. Sin embargo, existe una dimensión menos explorada de este cambio estructural: cómo han evolucionado las relaciones de interdependencia entre sectores, es decir, quién compra a quién y en qué medida el funcionamiento de una actividad depende, a su vez, del funcionamiento de otras.
Este observatorio aborda esa pregunta a través del análisis de redes aplicado a las tablas Input-Output (I-O) de Asturias elaboradas por SADEI para los años 1995, 2005, 2015 y 2021. Cada sector de la economía se representa como un nodo de la red y cada conexión entre sectores como un vínculo entre nodos. El resultado es una fotografía de la estructura productiva asturiana en cada periodo que permite ver, de forma detallada, qué sectores son más centrales en la red, qué grupos de actividades están más integrados entre sí y cómo esto ha ido cambiado en el tiempo.
Dos conceptos articulan la interpretación de los resultados. El primero es el de embeddedness o integración productiva local: una economía más integrada es aquella cuyos sectores satisfacen una mayor parte de sus necesidades comprando a otros sectores locales, en lugar de importar del exterior. Cuando esa integración es alta, cada euro gastado en un sector genera un mayor efecto arrastre sobre el resto de la economía regional, lo que hace que las políticas públicas de inversión o apoyo sectorial sean más efectivas. El segundo concepto es el de resiliencia estructural: una red productiva más densa y diversificada es más capaz de absorber perturbaciones negativas sin que el conjunto del sistema colapse.
